La Pesadilla Ignorada en América Latina

Sasha A. Rae

Estamos viviendo en medio de una pesadilla mundial en la cual hijos, hijas y mujeres son vistos como objetos sexuales, juguetes o esclavos/as por sus propios/as padres y esposos o novios. Sufren abusos sexuales, físicos y psicológicos a manos de sus propios padres, quienes supuestamente los aman a ellos más que nadie en el mundo.

Un efecto de la cultura machista y patriarcal en el mundo entero, este abuso ha sido naturalizado en América Latina hasta el punto en lo cual padres tienen hijos con sus propias hijas y nadie lo cuestiona.

De hecho, la mayoría de los embarazos de chicas de menos de 15 años en América Latina son causados debido a violaciones por miembros de sus propias familias, según un estudio hecho por La Iniciativa de Investigación sobre Violencia Sexual (Sexual Violence Research Initiative).

En Costa Rica y en Perú, un 90 por ciento de los embarazos de esas muchachas tan jóvenes es causado por incesto.

Desgraciadamente, en muchos países latinoamericanos, el aborto es ilegal. Es decir, las niñas violadas y embarazadas por sus propios padres o miembros de la familia tienen que criar los hijos no deseados y creados por incesto, y a veces al riesgo de su propia salud durante el embarazo. Después tienen que vivir con esta realidad hecho a una pesadilla para el resto de sus vidas.

Un ejemplo palmario de esto es una situación reciente en Nicaragua. En Noviembre de 2011, una niña 12 años se embarazó por una violación y tuvo problemas con hipertensión y preeclampsia. Su madre le pidió al gobierno que le permite tener un aborto para salvar la vida de esa niña. Pero todos los abortos son ilegales en Nicaragua, incluyendo abortos terapéuticos; el gobierno se lo negó y la obligó a tener el bebé. Posteriormente, el gobierno nicaragüense orgullosamente mostró una foto del bebé recién nacido con su abuela de 21 años.

Si se hace la matemática en esta situación, significa que la abuela se embarazó a los 9 años y la madre a los 12 años. Y el ciclo de abuso sexual infantil continúa.

Parece que no existe justicia en situaciones de violaciones, incesto o abuso sexual infantil en muchos países latinos. De hecho, en la mayoría de los casos, no vale la pena para las violadas denunciarlo porque ellas no reciben ayuda del ordenamiento jurídico. En cambio los trabajadores en el sistema de justicia a ellas les culpan de lo ocurrido. En Perú, los empleados de la oficina en carga de tomar las denuncias de las mujeres, la Comisaría de Mujeres, tienen la costumbre de preguntar a las mujeres violadas qué hicieron ellas para que fueran violadas o abusadas. Después de tomar una denuncia, estos empleados gubernamentales les dan consejos a las mujeres victimizadas, sugerencias como: “Tienes que cocinar muy bien y limpiar la casa y no decirle nada mal a tu marido o tu novio. Eso es tu trabajo como una mujer.”

En otros lugares peruanos, como Urubamba, un pueblo en las montañas tres horas de Machu Picchu, las autoridades les preguntan a las mujeres abusadas: “¿Qué hiciste vos para causar la violencia?,” y, sí, toman la denuncia, tal vez encierren el hombre en el cárcel, pero por no más que 24 horas. El día después, el varón vaya a la casa y pega a su esposa o novia y sus hijos e hijas más de lo que hizo antes. Según miembros de ProMujer, una organización que provee servicios de micro financia para mujeres con bajos recursos económicos, las mujeres abusadas, violadas, y golpeadas tienen demasiado miedo de denunciar violencia domestica porque temen que la situación empeorará después. Y normalmente lo pasa.

Por eso, psicóloga peruana Alexandra Prado Bustinza, quien trabaja en La Defensoría Municipal del Niño y Adolescente (DEMUNA) en Arequipa, dice que la situación de las mujeres y la falta de ayuda estatal para ellas es cada vez peor que antes en Perú. Ruth Gallego, la directora de un Centro de Emergencia para las mujeres en Arequipa, está de acuerdo y dice que más que la mitad de mujeres violadas en Perú no denuncian nada ni nadie. Las cifras sobre violencia domestica y abuso sexual en Perú no reflejan la realidad espantosa nunca, añade Gallego.

Es igual en países como Jamaica y México, donde sólo la mitad de las víctimas de violaciones sexuales las denuncian.

¡Qué justicia! Las víctimas reales que denuncian los abusos son victimizadas otra vez por protestar su victimización y las demás se quedan calladas para no ser victimizadas otra vez por el violador y por el sistema de NO justicia. Así el ciclo de abuso sigue sin parar y se manifieste en las nuevas generaciones.

Entonces, es normal para los hombres culpables andar libres, sin consecuencias y sin vergüenza mientras las mujeres y los niños y niñas sufren trastornos psicológicos, enfermedades físicas y retrasos de su desarrollo personal. Los varones machistas y violentos continúan a pegar a sus amantes e hijos/as y les hablan a todos de una manera muy condescendiente. A menudo los varones son alcohólicos y casi no trabajan, o si trabajen, no contribuyen a los costos de vivienda. Las mujeres no sólo tienen que aguantar abuso de sus maridos o novios, pero también tienen que cuidar de los hijos y las hijas, trabajar todo el día fuera de casa y toda la noche en casa. No tienen tiempo para procesar los eventos que les pasó a ellas, ni para sanar los heridos internos y externos.

Si todo esto ya no fuera tan horrible por sí mismo, los medios de comunicación empeoran el problema con sus películas y novelas las cuales normalizan la falta de respeto para y la subyugación de las mujeres. Un ejemplo ilustrativo es una película de Colombia, La Vida “Era” en Serio, en la cual una mujer va a un “rave” para experimentar el mundo de la fiesta eterna. Durante su tiempo allí, dos hombres … por los menos … la violaron, uno de lo cual la violó otra vez después.

¿Y qué le dijeron las personas en su vida cuando ella les dijo que pasó?

  • Su mejor amiga le dijo que fue su culpa y que la mujer violada era una puta.
  • Un amigo – un varón – le dijo que la próxima vez ella debería relajarse y disfrutar la experiencia.
  • Y su marido le preguntó, “¿Qué hiciste vos?” Todos le echaron la culpa a ella. Nadie le preguntó cómo se sentó o si ella estaba herida.

Es una refleja de la sociedad en general: de la baja posición de mujeres y de la falta inmensa de respeto para mujeres y para sus derechos humanos, sexuales y personales. También refuerza los estereotipos dañosos de mujeres.

¿Cuál es la solución, pues? La solución empieza con un sistema organizado y local de educación y desarrollo personal de las mujeres. Según ProLiteracy — una organización que promociona alfabetización a nivel mundial — violencia domestica, violaciones y abusos contra mujeres, niños y niñas tienen una conexión fuerte y directa con niveles bajos de educación de ambos hombres y mujeres, y con bajas posiciones económicas debido a la falta de educación. Cuándo mujeres desarrollan sus propias capacidades de escribir y leer, de decirles “no” a los hombres, de imponer restricciones y límites en casa y de enseñarles a sus propios hijos e hijas cómo protegerse de depredadores sexuales dentro y fuera de la familia, las incidencias de violencia domestica y violaciones de ellas y los niños y las niñas disminuyen.

La cuestión sin respuesta es cómo hacerlo en un ambiente mundial que parece ser contra educación. Pero eso es un tema para otro artículo.

© 2011, Sasha A. Rae, Todos Los Derechos Reservados